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28/07/2014 Un viaje por la unidad y la Paz

Un viaje por la unidad y la Paz

Muchos han calificado como “histórico” el viaje del Papa Francisco a Tierra Santa
Se celebraron tres jornadas muy intensas en mayo de 2014. Esta iniciativa del pontificado del Papa Francisco ha sido presentada como una conmemoración especial del encuentro del Papa Pablo VI y de Atenágoras, patriarca de Constantinopla, en enero de 1964, en los años del Concilio Vaticano II.

Fue el primer viaje de un Papa fuera de Italia y tuvo un marcado carácter ecuménico.
El Concilio Vaticano II dio un fuerte impulso al camino de la unidad de los cristianos, un impulso que se ha consolidado con encuentros frecuentes de oración y el trabajo callado de Comisiones doctrinales mixtas de la Iglesia Católica con diversas Confesiones cristianas, e incluso con otras religiones, sobre todo monoteístas, como los judíos y los musulmanes.

El mismo Papa Francisco hizo balance del viaje en la audiencia general del miércoles 28 de mayo en la Plaza de San Pedro. El anhelo de la unidad era el objetivo principal de su encuentro en Jerusalén con el Patriarca Bartolomé, de Constantinopla, en la tarde del domingo 25 de mayo. En el viaje ha transmitido un mensaje claro en favor de la paz en los países del Medio Oriente, superando conflictos, guerras y violencias que han acarreado muertes, sufrimientos y heridas en el pueblo sencillo, en particular a la minoría cristiana. El apoyo a las comunidades cristianas era una finalidad ineludible. Las guerras en Irak y en Siria –con más de ciento cincuenta mil muertos en tres años--, y la violencia soterrada en Líbano y sobre todo en Israel y Palestina, han obligado a muchos cristianos, no sólo católicos, a abandonar aquella tierra de bendición, que se ha convertido en tierra maldita con unos conflictos que no parecen tener fin.

El Papa Francisco comenzó su viaje el día 24 en Jordania, la tierra primera de Abrahán, un país mayoritariamente musulmán que ha acogido a cientos de miles de refugiados víctimas de la violencia y la persecución en las naciones vecinas. El Papa Francisco alabó públicamente al Rey Abdalá II, hombre de paz, y pidió que las instancias internacionales ayudaran a remediar las calamidades de las gentes que huyen del espanto de la guerra y de la muerte. 

El segundo día, domingo 25 de mayo, el Papa se trasladó a Palestina. Llegó a Belén para experimentar la alegría de la fe en el lugar del nacimiento de Jesús. Sus reflexiones y sus gestos se centraron en los niños. “Aquí tenéis la señal: buscad al Niño”. “Hoy los niños son un signo –destacó el Papa Francisco en la homilía en la celebración eucarística en la plaza del Pesebre, junto a la basílica de la Natividad--. Son un signo de esperanza, un signo de vida, pero también un signo “ diagnóstico” para entender el estado de salud de una familia, de una sociedad, de todo el mundo… Hay todavía por desgracia tantos niños en condiciones inhumanas, que viven al margen de la sociedad…  explotados, maltratados, esclavizados, objeto de violencia de un tráfico ilícito…demasiados son prófugos, refugiados, a veces ahogados en los mares… De todo esto nos avergonzamos delante de Dios, el Dios que se ha hecho Niño”.                                            

Ese mismo día 25 se trasladó por la tarde a Israel. En Jerusalén vivió los momentos más fuertes de su peregrinación. Al atardecer se produjo el encuentro solemne de Francisco y Bartolomé, como los apóstoles Pedro y Andrés, cabezas de la Iglesia de Occidente y de Oriente. Llegaron a la plaza del Santo Sepulcro por caminos diversos, entrando en la plaza por puertas distintas. Se encontraron en el  centro de la plaza y se abrazaron, mientras repicaban las campanas de las iglesias. Juntos entraron en la basílica donde les esperaban las autoridades religiosas. Oraron juntos en la cámara del sepulcro de Cristo y ante la roca de la crucifixión. Y firmaron una “Declaración conjunta” sellando el camino ya recorrido y el esfuerzo por seguir profundizando en la unidad, que no llegará solamente con acuerdos doctrinales.

La mañana del lunes 26 estuvo dedicada al encuentro con autoridades musulmanas, en la explanada de la mezquita, y con los grandes rabinos, después de orar en el Muro de las Lamentaciones de los judíos. Concluyó con la emotiva visita al mausoleo en memoria de las víctimas del Holocausto. Impresionan las palabras del Papa, después de rezar silenciosamente ante la llama: “Hoy volvemos a escuchar aquí la voz de Dios: “Adán, ¿dónde estás?” ¿Dónde estás, hombre? Esta pregunta contiene todo el dolor del Padre que ha perdido a su hijo… El grito resuena ante la tragedia inconmensurable del Holocausto como una voz que se pierde en un abismo sin fondo… De la tierra se levanta un tímido gemido: Ten piedad de nosotros, Señor”.                                                    

Aprovechó la tarde para un encuentro de meditación con sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles de Tierra Santa en el Huerto de los Olivos, y en el cercano Cenáculo de Jerusalén celebró la Misa con los Obispos, “aquí nació la Iglesia y desde aquí salió con el Pan partido entre las manos, las llagas de Jesús en los ojos y el Espíritu de amor en el corazón”.
El colofón del viaje ha sido el encuentro de oración del Papa Francisco, en “su casa del Vaticano”, con los presidentes Simón Peres, de Israel, y Mahmoud Abbas, de Palestina. Se ha celebrado el domingo de Pentecostés, 8 de junio. Se necesitan valentía y fe. “Construir la paz es difícil, pero vivir sin ella es un tormento”. Hay que aprovechar todas las ocasiones para construir la paz “artesanalmente”.

(Artículo publicado en nuestra revista "Capuchinos Editorial" de Julio de 2014)      

Fr. Manuel Muñoz. (Capuchino)  

 

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